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EL BECERRO O TERNERO
Una
vez nacido el becerro, ni el medio en que se críe, ni la alimentación
por técnicas modernas impide el desarrollo de su instinto de bravura.
El
ternero recién nacido, todavía echado sin entiesarse, como dicen
tradicionalmente en el campo, cobijado por los pares de la madre, que
con un instinto muy desarrollado está lamiéndoselos para transmitirle
calor en los primeros minutos de su vida. Poco, muy poco tiempo,
permanece el becerro echado. Dependiendo de la hora del parto y del
calor o del sol que ese día haga, el becerro tarda más o menos en
levantarse. Al principio se levanta y se cae, puesto que, hasta pasados
algunos días, las pezuñas del pequeño no se han endurecido.
Lo
primero que el recién nacido efectúa, una vez puede mantenerse en pie,
es mamar los calostros, que es una leche de color amarillento y
enriquecida con vitaminas, proteínas, y quizá algún producto de
gammaglobulinas, que actúan en el becerro a modo de laxante. La vaca
está muy cargada de leche maternal, especialmente las viejas. Es un
momento delicado luego de cual el recién nacido entra en un profundo
sueño, que le dura cuatro o seis horas. La madre arrastra a su cría
hasta dejarla en un lugar resguardado, mientras ella, normalmente, se
acerca a la charca o al abrevadero para reponer fuerzas e hidratarse
después del esfuerzo del parto. Es el
momento que los vaqueros suelen aprovechar para, con mucho cuidado y sin
despertar a la cría, comprobar si es macho o hembra.
Al
segundo o tercer día, como máximo, el becerro corretea ya por la mañana
y por la tarde, sesteando o durmiendo en las horas del mediodía al
abrigo del calor. Es el momento también de observar si la vaca es
descarga, es decir, si es mamada por completo por su cría, puesto que,
en caso contrario, debe precederse a descargarla. De no nacerlo,
correría el riesgo de lo que en el campo se conoce por entrizarse una
teta y producirse posteriormente una mastitis, que, de no curarse a
tiempo, inutilizaría ese pecho para posteriores crianzas.
Los Crotales
La
vaca tiene un instinto maternal muy desarrollado para alejar los
peligros que se acerquen a su cría, atrayéndolos hacia un lugar
contrario de donde ésta se encuentra.
Modernamente, a consecuencia de la poca profesionalidad y conocimiento
de la vacada por parte de los desahijadores, se hace imprescindible en
una ganadería bien llevada la colocación a los recién nacidos de
crotales identificadores de la genealogía materna. Esta operación suele
realizarse en los primeros días de vida del animal y aprovechando las
horas en que se encuentra sesteando o dormido, lejos, además, de la
madre, que, si estuviera cerca, imposibilitaría esta faena.
Antiguamente no se realizaba así. Simplemente se señalaba a los becerros
en las orejas, con unas muescas o cortes característicos de cada
ganadería.
El Instinto
Es
curioso observar el instinto de acometividad que el becerro tiene desde
su nacimiento. La bravura va unida a su ser y es congénita a él mismo.
Esta cualidad, que no tiene ningún otro animal de la Creación, y si
pudiera ser toreado se manifestaría bravo o manso, fiero o cobarde,
noble o pegajoso, igual, exactamente igual, que lo haría de adulto en
una plaza de toros.

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