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Bravura
Para el veterinario Sanz Egaña la
bravura es "un instinto defensivo, o, mejor aún, un instinto de
liberación que se manifiesta por
una reacción de carácter voluntario
frente a un estímulo exterior". El toro responde por reflejo mediante
dos componentes distintos: uno de excitación y otro motor, acusado por
reacciones exteriores precisas y ordenadas.
La bravura se hace
ostensible para el espectador mediante la embestida, cuya rectitud y
fijeza ha de ser denominador común de su comportamiento, pero puede
observarse en otros muchos detalles en el curso de la lidia.
Así, al
salir de chiqueros, al arrancarse con viveza ante los capotes desde
cualquier terreno y rematar en tablas, sin intentar nunca saltar la
barrera; al entrar a los capotes sin levantar las manos (patas
delanteras) ni puntear ni derrotar en el engaño ni cortar la salida en
la terminación del pase; al arrancarse de largo ante el caballo, bajar y
remeter la cabeza contra el peto, soportando el castigo de la vara sin
cabecear, sino metiendo los riñones y levantando el tercio posterior
para intentar el derribo del enemigo; no cortar la salida ni berrear en
los pares de banderillas y embestir por derecho y templado a la muleta
sin salir suelto tras el remate del pase ni acortar el recorrido ni
abrir la boca en el transcurso de la faena de muleta.
En tiempos se decía de un torero era
bravo cuando poseía una valentía singular.

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