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Por Ernesto González C. - Ganadero.
Se hace caso omiso de que dicha ley en su artículo primero establece que… “los espectáculos taurinos son considerados como una expresión artística del ser humano”, y por si fuera poco existe un pronunciamiento emanado del propio Consejo de Estado a través de uno de sus magistrados que dice: “Las corridas de toros y en general los espectáculos taurinos corresponden a una manifestación viva de la tradición espiritual e histórica de los pueblos iberoamericanos, como lo es Colombia, y por lo mismo forma parte del patrimonio intangible de nuestra cultura, especialmente protegida por la Constitución”. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué estamos haciendo aquellos que amamos el espectáculo y quienes consideramos falaces y engañosos los argumentos empleados por los antitaurinos? No mucho, la verdad: declaraciones de prensa aisladas, pero nada que implique la existencia de un gran frente, sólido y decisorio, para mostrarles a propios y extraños que no vamos a permitir la extinción de la más bella de las Fiestas, de un espectáculo profundamente enraizado en el corazón de miles de colombianos. No toquemos por ahora el tema económico, a pesar de su gran importancia. Varios miles de compatriotas efectivamente viven de los toros y son muchos negocios lícitos y dignos de respaldo los que obtienen inyecciones importantes de esta actividad, así como ingresos considerables que terminan en las arcas de entidades benéficas. Creo firmemente que las acciones se deben encaminar a demostrar, mediante la creación de un gran bloque, que somos muchos los colombianos partidarios de la Fiesta, que rechazamos por injustos y antidemocráticos los intentos de prohibirnos arbitrariamente lo que más amamos y que estamos listos a defenderlo con todas las armas que nos otorgan la Ley y nuestro ordenamiento institucional. Respetamos y entendemos que a algunos (o a muchos) no les guste el espectáculo. Acatamos sus preferencias. Que no vayan a los toros. Pero también reclamamos el derecho a que se nos respete y se nos permita disfrutar plenamente de lo que consideramos la más bella, la más emocionante de las actividades lúdicas creadas por el hombre. Hay que blindar ya mismo con una organización nuestra actividad favorita. Gracias a Dios esta iniciativa tiene un amplio eco, porque estamos seguros de que los futuros dardos se van a dirigir desde el propio Congreso Nacional hacia la Ley 916, o “Ley Taurina”. Al respecto debemos hacer varias cosas. La fundamental sería crear un organismo que incluya los toros, el coleo y las riñas de gallos, blancos de quienes se niegan a reconocer que se trata de actividades enraizadas profundamente en nuestra cultura. Ese organismo, que podría denominarse algo así como “Asociación Nacional de Espectáculos Tradicionales”, incluiría, en el caso de los toros, a matadores, subalternos, empresas, escuelas, ganaderos y a todas aquellas entidades que se ocupen de esta actividad. Lo mismo rezaría para el coleo, las Corralejas y las riñas de gallos, de tal manera que esa Asociación o Confederación tuviera un gran poder y un peso decisivo ante parlamentarios, funcionarios públicos y opinión ciudadana en general. Que pueda patrocinar campañas de defensa Orquestadas por gentes de prestigio nacional e internacional. En fin, que a quienes nos gusta la Fiesta de los toros podamos sentir que tenemos un ente poderoso al cual acudir con la seguridad de que estamos prestos y preparados para la defensa de unos legítimos intereses.
Colombia Taurina
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