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La
Sexualidad
Condenados al celibato
Salvo los sementales, el toro bravo no tiene relaciones sexuales con
hembras en toda su vida. A pesar de ello, el macho tiene recursos
suficientes para desfogarse.
Desde su más tierna edad, el becerrillo tiene desarrollado el instinto
sexual y a partir de los seis meses, el animal puede intentar cubrir a
su propia madre. Estos intentos no se materializan por dos razones:
porque el semental, presente en el cercado, se lo impedirá y porque el
becerro aún no tiene talla suficiente para consumar el coito.
El Impulso Sexual
Cuando
ya ha sido separado de su madre y es añojo o eral, el animal está
reunido con sus hermanos de carnada. Con la llegada de los calores de la
primavera, el deseo sexual del novillo se incrementa, y necesariamente
busca desfogarse de alguna manera.
La masturbación es el primer recurso que utiliza. Para ello, golpea su
verga o pene, en posición recta, contra el bajo vientre. Esta acción se
conoce en el lenguaje ganadero como varear. Otro sistema, nada
infrecuente, es montar a cualquier compañero «maricón» o «abochornao»
que le permita consumar un coito anal.
Es curioso el comportamiento sexual del toro sin hembra. Los actos
realizados en solitario o la cubrición anal de otro compañero no le crea
hábito ni le vuelve inapetente ante una hembra. Si es uno de los pocos
afortunados que resulta elegido para procrear, en cuanto se vea rodeado
de vacas cumplirá con toda naturalidad.
El «Abochornao»
En el caso del toro que se deja envergar, el «maricón» o «abochornao»,
su comportamiento ante una hembra no desmerece un ápice del más
«varonil» de la carnada. La conclusión es clara: por muy extraño que nos
parezca, todos los juegos sexuales entre machos son simplemente
desahogos que no alteran ni disminuyen su virilidad ante las hembras.
Se ha comprobado muchas veces el extraordinario juego que da el toro «abochornao»
en la plaza, especialmente en cuanto a nobleza y calidad en la muleta,
no exenta de bravura en el caballo.
En La Plaza
Como curiosidad, merece la pena destacar que el traslado del ganado a la
plaza, y todo lo que esto conlleva para el animal, le propicia grandes
dosis de nerviosismo. Cuando al toro se le aparta de la rutina y sus
hábitos diarios, le sobrevienen altos grados de excitación de todo tipo,
entre ellos, el sexual, por lo que es frecuente ver cómo en los corrales
de la plaza los novillos o los toros se montan entre sí.

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