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LAS PELEAS
Al
principio son «juegos de niños», pero a medida que el macho se va
haciendo mayor, y coincidiendo con la llegada de la primavera o con la
madurez sexual del novillo, estas riñas se van convirtiendo en peleas
más serias.
Dependiendo
de las ganaderías o los encastes, las luchas o peleas entre los toros
suelen ser distintas. El instinto combativo en los encastes procedentes
de Saltilla y Santa Coloma -por citar troncos originales- no es el mismo
que el de los procedentes de Parlada. Un caso aparte, por único y
diferente, es el de Miura.
El
genial y famoso ganadero Antonio Pérez - Tabernero, cuando se refería a
las peleas de sus toros parladeños, y las diferenciaba de los
santacolomeños de su hermano Graciliano, decía: «Mis toros discuten; los
de mi hermano se matan».
Con
estas pocas palabras del ganadero de San Fernando, llenas de ingenio y
gracia, queda claro que los gracilianos peleaban a muerte, y los «apes»
suyos no llegaban a finales tan dramáticos.
Aunque los machos bravos se pegan a todas las edades, cuando las luchas
pueden llegar a tragedia es a la edad adulta de cuatreños. Aunque no es
habitual, los toros también pueden «pegarse» en invierno. El verdadero
riesgo comienza a primeros de marzo, con la llegada de los primeros
calores de la primavera. Es entonces cuando el mayoral debe estar muy
pendiente de todo lo que ocurre en el cercado de toros de saca,
especialmente a la caída de la tarde.
Cómo es la Pelea
Se
sabe que las noches de luna llena son propicias para soliviantar los
ánimos agresivos de los toros bravos. Antes de la puesta de sol, los
movimientos inquietos de los toros, con su característico «turrear» -o
mugido-, barruntan que las luchas pueden aparecer. Primeramente, los más
pequeños se enzarzan entre sí, mientras los más fuertes miran recelosos.
Al poco rato, dos de los grandes se miran de costado, volviendo la cara
y girando entre ellos. Instantes después surge el primer encontronazo,
con las testas de frente empujando.
El
problema radica en que el vencido huya, porque entonces el vencedor lo
ataca por el costado sin consideración.
Lo
más grave ocurre cuando, pegándose dos poderosos, los más pequeños los
atacan por un lado, ya que entonces los primeros no pueden retirarse de
su enfrentamiento, ni defenderse de las cornadas que los demás les
propinan. En estos momentos la tragedia Fase final de una pelea de toros
en donde se ve que el toro da por terminada la contienda y se quiere ir.
El
perro, al ataque, favorece la separación. Puede aparecer en cualquier
instante, y la única solución es la intervención del mayoral a caballo y
con los perros para interrumpir el combate, separando a los enfrentados.
Se
sabe que los toros se pegan más en cercados muy grandes, porque al verse
menos, se conocen igualmente menos. Como precaución se suele separar de
la tropa a cualquier animal que destaque en fuerza y poderío, porque
todos le atacarán.

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