|
|
Las civilizaciones del pasado nos han legado numerosos enigmas difíciles de descifrar. En torno al toro existen numerosas pinturas rupestres en que abundan las representaciones de toros desde el V al III milenio antes de Cristo. Según numerosos arqueólogos, estas figuras fueron realizadas con finalidades mágicas para propiciar la existencia de una abundante caza.
La fauna predominante en la península Ibérica durante el Paleolítico y Neolítico estaba compuesta de caballos, toros, ciervos, jabalíes y otras especies que se extendieron desde Inglaterra hasta España y ocupando buena parte de Europa central llegando hasta Polonia y Rusia y quizás aún más hacia el este. El uro o toro salvaje estaba domesticado en oriente, al igual que el perro, desde épocas muy remotas. Así, llegó a la Europa central y Nórdica en el Neolítico el "buey de turba", del cual derivan muchas de nuestras razas alpinas y centroeuropeas actuales. En Egipto y Asia Menor, desde 5.000 años antes de Cristo, se domesticó el buey y se le rindió culto. El hombre europeo del paleolítico inferior, que era cazador de piezas gigantescas y peligrosas, entre las que se encontraba el uro o toro salvaje, (antecesor a nuestro actual toro de lidia de hoy), era nómada y vivía errante en persecución de los animales que significaban su sustento. El toro salvaje de la prehistoria tenía como utilidad servir al hombre de sustento; tenía que cazarlo para completar su dieta de carne, aprovecharse de la leche de sus hembras, valerse de sus pieles y servirse de su fuerza como elemento de trabajo. Después, en los milenios IV y V sobreviene un período en que el hombre alterna la caza con la ganadería y la agricultura, hasta hacerse sedentario y depender únicamente de estas dos últimas actividades. Quizá en esta etapa, ciertos bovinos aceptaron la domesticación y el consecuente pastoreo, mientras el hombre observaba sus reacciones descubrió y aprendió ciertos manejos, lo que en alguna medida constituiría un toreo rudimentario, defensivo y sumamente provechoso. El hombre de la Prehistoria cazaba mediante el "acoso en común", en que un grupo de gente producía estampidas de manadas enteras en dirección de alguna trampa natural (precipicios, gargantas estrechas, zonas pantanosas), donde les hacía frente y capturaba o sacrificaba. En esta caza del toro salvaje debió estar el principio del arte de torear. Las primeras peleas de humanos y toros empezaron en la Edad Media. En estas luchas se denominaron "Suerte de canas." En el siglo dieciocho, las corridas de toros se hicieron populares como actividad de entretenimiento. A través los años desde de el comienzo de las corridas del toros, la fiesta se ha transformó de una forma de entretenimiento a una forma de arte y ahora es un símbolo de la cultura de España. En Polonia viven actualmente unos cientos de bisontes europeos, reconstruidos genéticamente y a los que no hay que confundir con el URO o Thur (nombre polaco del Uro); aunque se pueda discrepar del origen del toro en la península ibérica, no hay que caer en el error de confundir a los bisontes con los bóvidos, pues presentan características morfológicas muy diferenciadas. Un ejemplo es que los bisontes poseen catorce pares de costillas y los toros trece pares únicamente. Entre los conocedores del tema existen notables diferencias respecto al antepasado de nuestro toro bravo. Hay quien opina que los actuales toros de lidia conservan, relativamente intactas, todas o la mayor parte de las características de los bóvidos norteños que en su tiempo invadieron los pastos europeos, y que se pueden reconocer con facilidad, tanto en el campo español como en la estepa sur de Rusia y en las llanuras del norte de Alemania. Hay opiniones igualmente respetables respecto que el bóvido andaluz, origen del toro de lidia, proviene de las razas norte-africanas ya aludías en la Biblia. El famoso cronista del siglo pasado Pascual Millán, afirmaba que el toro se escogía antiguamente de las reses que se destinadas al matadero y mostraban más bravura. Y no es ilógico pensar que los animales destinados a las representaciones, embrión de la actual corrida, serian toros, e incluso vacas, semi-salvajes que pastaban durante años en casi completa libertad y de las que actualmente, en las postrimerías del siglo XX podemos, afortunadamente, contemplar en algunas de las sierras de las mesetas españolas, y de las que es muy fácil comprobar que verdaderamente se arrancan en cuanto se les da el más mínimo motivo para ello, aun cuando aparentemente estén pastando con sus terneros de la manera más pacífica.
|
|
|